viernes, 19 de noviembre de 2010

HACE MUCHO TIEMPO, EN UNA REALIDAD LEJANA, MUY MUY LEJANA...

Es de noche en la Rivera Hernández. Sólo hay grillos, insectos que cantan y un perro que ladra a lo lejos. Pasa un carro. En la calle, las luces parpadeantes de una Navidad incipiente iluminan las chabolas que me hacen de barrio. Aún no sé si este hecho es conmovedor y triste, siniestro o profundamente entrañable. Mis fantasías, que ya han aprendido a saltarse mis controles y los ignoran, se imaginan a un niño de pies sucios y pelo desordenado acercándole a su papá las bombillitas para que las vaya colocando. Con facilidad el padre las sujeta entre el cartón de las paredes y los agujeros que el óxido acumulado durante todo un año ha dejado en el zinc del techo. Cuando por fin enchufa las luces -ahora roja, ahora verde, ahora amarilla ganando lentamente en intensidad- el niño despeinado y sus hermanos abren la boca y juntan sus manitas mientras miran hacia arriba. De pronto pienso en Gallardón, en la Gran Vía, en las luces. Me despierto.

Mientras escribo estás letras, el ron va bajando en una botella que parecía inextinguible. Qué quieren, soy pirata. En mi ordenador, caprichosamente, suena la banda sonora de 'Gladiator'.

La idea es actualizar esta bitácora que tanto tiempo he ido dejando olvidada o maltratada con vídeos y entradas poco explicativas de mi vida por acá. Lo cierto es que, casi tres meses después, no sé ni por dónde empezar. Recuerdo que la primera vez que me decidí a enviar una carta tras el parón veraniego era para contarles que, en este pueblo martirizado y digno, se sigue pegando a mis amigos. Era el 15 de septiembre y los militares, conchabados con la policía, realizaron una salvaje carga contra niños, ancianos y mujeres que se disponían a disfrutar de un concierto de un grupo musical de la Resistencia. Toletes y bombas lacrimógenas contra versos. Les recomiendo que no dejen de escuchar el especial que los 'Noti-Nada' dedicaron al asunto y que adjunto bajo este párrafo. Yo estaba yendo hacía allá y me salvó RadioProgreso en el último instante. De no ser por una escucha providencial, estaría entre ustedes desde hace ya días (y con la cara algo más hinchada). Ese día, aparte de vivir un intenso dolor, una gran rabia y una profunda impotencia, estuvimos removiendo todos los contactos que teníamos a nuestro alcance y conseguí colocar una nota de prensa que redacté en el acto en diversos medios de comunicación internacionales. De hecho, en un periódico digital español se decidieron a llamarme para pedirme información, cometiendo el gravísimo error de dar mi nombre como fuente en la información. Un año esquivando a los chepos y a determinados personajes del gobierno para que, de un plumazo, "Miguel Ángel Vázquez, cooperante español que vive en una de las barriadas más deprimidas de San Pedro Sula" esté dispuesto a "seguir denunciando siempre que se le pregunte". Fenomenal.


El día siguiente (tranquilos, no pienso ir día por día), fue mi cumpleaños. Mi primer cumpleaños fuera de casa. Mi primer cumpleaños lejos de los míos, pero rodeado a su vez de los míos. Estabais y no. En cada cara de mis amigos de acá, estabais vosotros. En cada una de las mujeres que me felicitaron y me abrazaron, estaba mi madre. En cada uno de los niños, los ancianos, los enfermos, la gente con la que trabajo, estaba mi familia. Fue raro, pero a la vez precioso. Me bailaron, me cantaron, me dedicaron un pastel, me despertaron con una serenata, rompí una piñata, tuve dos fiestas sorpresa, me prepararon una comida especial... y llegó Marta. Por la noche, a tiempo, con una vela encendida. De pronto, como ya dije en otra entrada, mi casa olía a chica y así se mantuvo durante un mes. Un mes en el que visitamos y trabajamos con las comunidades garífunas de la costa de Atlántida, "fumamos hierba" con San Francisco, nos disfrazamos -ella de romana, yo de lo de siempre- para un cumpleaños, dormimos en la casa del poltergeist cotidiano tras ver dos películas de miedo, perseguimos un huracán, calentamos el sitio a un obispo, jugamos a curar a los empobrecidos mientras les escuchábamos, descubrimos la noche de San Pedro Sula en compañía de nuestro fieles aliados, sobrevivimos a ella, se hizo junípera y garífuna y revolucionaria y feminista y comunista y, tras treinta días, se fue. Una vez más, ese aeropuerto, un café y yo.


Desde entonces hasta hoy han cambiado muchas cosas que hacen que mi trabajo por acá se haya modificado bastante. Cosas que no he tenido tiempo de contar por la propia urgencia de los días y que creo que merecéis saber. No sea más que por el seguimiento sincero que seguís haciendo de estas cartas lanzadas al mar que, algunas veces, llegan hasta tierra. Os cuento. Resulta que estuvieron a punto de cerrar los dos proyectos gordos en los que trabajaba, el dispensario y la guardería, pero gracias a un pimiento* a tiempo y a un órdago de los grandes al i-rresponsable de los mismos -con tres cerdos en la mano, eso sí- hoy siguen abiertos y luchando tenazmente por su supervivencia. La esperanza de esta gente es asombrosa. A prueba de balas, hambre, miseria y tormenta. Una esperanza que le hace a uno replantearse muchas cosas, no sé si demasiadas. Una esperanza que, ante la adversidad, se torna en Resistencia.

El caso es que hoy, cuando ya se ve el horizonte de mis días por acá, estamos enfrascados en una lucha titánica por mantener abierto algo que pertenece al pueblo y que, desde su injusta miseria, necesita. Un pueblo que no hace más que dar muestras de heroicidad y entrega en todos los pasos que, juntos, nos vamos proponiendo. Sé que antes de irme de acá, esto va a estar definitivamente abierto. Y asegurado. No puede ser de otra forma. Ahí me maten. Sé que los desvelos de todo un año, y más aún de los últimos dos meses, van a dar su fruto, y que este va a ser jugoso, y rico, y abundante. Por fin parece que sé a lo que había venido acá.

Desde este contexto es desde el que os no-escribo. Es por eso que espero que, una vez más, me entendáis. Este 'Cuaderno de Honduras' no ha sido todo lo cuaderno que me hubiera gustado, pero creo que sí que sigue sirviendo para, poquito a poco, y "mah o meno", os vayáis enterando de lo que voy haciendo por acá. Faltan más estados de ánimo y sensaciones, que intento cubrir con canciones y poemas, pero confío en que, los que me conocéis bien, sabéis leer mis sentimientos a través de los distintos hechos que, con mayor o menor pobreza, narro desde estas páginas.

Por el camino de esta actualización se quedan mis últimas apariciones en radio, Juan Dimitri y Don Moncho, algún suceso nocturno de película, las visitas médicas a las distintas comunidades siendo yo el médico, por qué duermo con un machete, mis lecturas del Che, Amaya Amador y Casaldáliga, la terrible matanza en la canchita de fútbol, la vez que dormí con una rata, la innecesaria vuelta de las tarántulas, el festival garífuna en Sambo Creek en el que fui más minoría étnica que en toda mi vida, mis dolores de cabeza, la solución a los mismos con un remedio inventado, casero, natural y con cierta -ligera- propensión a la adicción, un recital catártico en la intimidad de mi cuarto, el día en que las feministas en resistencia me consideraron una más y el megafestival que estoy organizando para sacar fondos para los proyectos y que se celebrará tres días antes de que me vuelva. Como ven, muchas cosas, pero con titulares lo suficientemente sugerentes para que, con lo que ustedes me conocen y con lo que su imaginación les dicta, se construyan en su cabeza mi propia historia de estos últimos meses. Aunque nunca llegará a las cotas de realismo mágico que la propia realidad ha ido dictando por acá, de seguro supondrá un divertido entretenimiento que les acercará a mi cotidianidad.

A estás alturas, la botella de 1750 ml de ron guarda ese "culín" ridículo que se deja por si acaso algún día te apetece tomarte otra, son las doce de la noche y siento, una vez más, que lo he contado todo y que no he contado nada. Me queda el consuelo de la respuesta habitual de mi amiga Silvia cuando entramos en temas más personales de los que a lo mejor debiéramos: "El resto, cuando publique mi libro". Mientras tanto, por hoy, cuando la lluvia castiga mi endeble tejado de zinc con una sonoridad que exagera la realidad y la banda sonora de 'Gladiator' ya va por su segunda vuelta, me despido. No sé si es la entrada que esperaban, no sé si esperaban alguna entrada, no sé tampoco si me tiene que importar demasiado. Acá se la dejo para su disfrute y conocimiento de una realidad que nos sigue implicando a todos. El mundo, amigas y amigos, no es como nos lo contaron. Es como es.

Espero que, para cuando las olas dejen esto en vuestras costas, estéis bien y seáis felices.


Os quiere mucho y os echa de menos lo indecible,
el imposible, incansable e insoportable Miguel Ángel.


Un abrazo grande desde este lado del mundo cargado de revolución y poesía.



*Pimiento: "Pi - miento" o "3,14 - miento" o lo que es lo mismo, "hago la 3,14 y luego miento".

4 comentarios:

  1. Como te va a costar dejarlo.
    Un besazo de mes y medio ANGEL Miguel.

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  2. No te imaginas lo cotidiano que he sentido todo lo que has escrito...Es demasiado fácil echar de menos todo eso.
    Gracias por dejarme acompañarte un mes, ha sido increíble conocer con quién vives y trabajas codo a codo y cómo lo haces. Sigo fascinada por todo lo que hicimos, e incluso me atrevo a decir que habéis conseguido que me enamore un poquito de allá (por lo menos de lo poquito que conocí, sé que todavía me queda). Tienes tú mucha culpa de que haya sido tantas cosas (bueno, admito que lo de junípera me lo gané a pulso...)

    Sigue llenándonos de revolución y poesía con tus cartas en botella. Cuídamelos mucho (como hasta ahora) y da muchos abrazos y recuerdos.

    Un beso gigante

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  3. Mucho ánimo en el sprint final!!!

    Titi, titi ti ti titi, ti ti ti ti titi, ti ti tiiii....

    El Mit.

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